Thaïs d’Escufon cuestiona el retrato trazado por Marianne sobre sus posturas

Thaïs d’Escufon ocupa el puesto 98 en una clasificación de Marianne dedicada a las 100 personalidades francesas que «hicieron opinión» en 2024. La interesada presenta esta mención como un reconocimiento de su influencia en el debate público, al tiempo que cuestiona enérgicamente el retrato redactado por el periodista Paul Conge.
En el centro de su respuesta se encuentran varios desacuerdos de fondo: el uso del término «masculinista», la interpretación de sus posturas sobre el feminismo y la sexualidad, la asimilación de su discurso al modelo de la tradwife, así como la calificación de su actividad comercial dirigida a los hombres.
Una presencia en la clasificación percibida como un reconocimiento
Thaïs d’Escufon indica haber sido mencionada junto a personalidades como Vincent Bolloré, Léna Situations, Jérôme Fourquet, Hugo Clément o Éric Zemmour. Subraya que su puesto, el 98, sigue siendo modesto dentro de la clasificación, pero considera que confirma que sus intervenciones participan en los debates públicos en Francia.
Esta valoración no implica que suscriba el contenido del retrato. Por el contrario, estima que el artículo no refleja correctamente su enfoque ni los temas que aborda. Su respuesta consiste, por tanto, en distinguir lo que considera sus posturas reales de los términos empleados para caracterizarlas.
El desacuerdo en torno a la etiqueta de «masculinista»
El periodista presenta a Thaïs d’Escufon como una «influencer masculinista». Ella rechaza esta calificación. Según afirma, criticar ciertos aspectos del feminismo o abordar lo que denomina la «dominación femenina en Occidente» no equivale a enfrentar a los hombres con las mujeres.
Describe su enfoque como un análisis de la psicología de los sexos que, a su juicio, puede concernir a las personas independientemente de su género, sus opiniones políticas o sus creencias. Reprocha al retrato una lectura binaria de su discurso, basada en una oposición sistemática entre los intereses de los hombres y los de las mujeres.
Esta divergencia es central, ya que afecta tanto al vocabulario como a la propia naturaleza de las ideas debatidas. Por un lado, el término «masculinista» se utiliza para situar públicamente su posicionamiento; por otro, Thaïs d’Escufon afirma no integrarse en un campo opuesto al de las mujeres.
Su crítica del feminismo y su concepción de la libertad sexual
El retrato evoca un «neofeminismo castrador» que, según su autor, sería criticado por Thaïs d’Escufon. Ella precisa que no distingue el «neofeminismo» del feminismo: a su juicio, los fenómenos que denuncia corresponden a la evolución de una misma ideología. Considera que esta ideología tendería a invertir los roles entre hombres y mujeres y a presentar una forma de dominación bajo el vocabulario de la igualdad.
Sin embargo, cuestiona el registro moral o religioso asociado a ciertas formulaciones, en particular la idea de que la libertad sexual «pervertiría» a las mujeres. Afirma no basar su argumentación en la religión ni en dogmas, sino en lo que presenta como observaciones de comportamientos y hechos.
En su discurso, se dirige especialmente a los hombres que desean construir una familia estable. Los invita a tener en cuenta el pasado sentimental y sexual de sus posibles parejas, al considerar que un elevado número de parejas puede constituir un factor de riesgo para la estabilidad de la pareja y la fidelidad a largo plazo. Ella presenta estas apreciaciones como advertencias, y no como una prohibición o una norma moral universal.
Thaïs d’Escufon insiste en la responsabilidad individual: según ella, cada persona sigue siendo libre de tomar sus propias decisiones conociendo las consecuencias que asocia a esas elecciones. También afirma no haber establecido un umbral numérico preciso respecto al número de parejas sexuales, aunque declara que superar las 20 parejas le parece elevado.
Un debate sobre lo que abarca la libertad de las mujeres
El periodista describe sus posturas como una crítica a las mujeres «demasiado libres». Thaïs d’Escufon rechaza esta formulación, que considera reduccionista. Estima que la libertad no puede definirse únicamente por la multiplicación de las parejas sexuales.
Plantea otra concepción: para ella, la libertad también puede consistir en no dejarse utilizar por hombres a los que considera poco deseables y en seleccionar más las relaciones. Esta postura refleja una lectura de las relaciones entre hombres y mujeres centrada en las consecuencias afectivas, sexuales y familiares de las decisiones individuales.
Por tanto, el desacuerdo no se limita a las palabras empleadas, sino que afecta a dos visiones distintas de la autonomía sexual. El retrato subraya el carácter restrictivo de sus recomendaciones; Thaïs d’Escufon sostiene, por el contrario, que defiende una libertad basada en el discernimiento y la responsabilidad.
La tradwife: una afiliación que desmiente
El texto de Marianne también asocia a Thaïs d’Escufon con la promoción de un modelo de «tradwife», es decir, de esposa tradicional, dedicada al hogar y a su marido. Ella niega defender este modelo y afirma haber explicado ya por qué no se define como tradwife.
Su respuesta destaca una distinción entre su interés por determinadas cuestiones relacionadas con las relaciones entre los sexos y la adhesión a una exigencia según la cual las mujeres deberían quedarse en casa. Considera que el retrato le atribuye una postura que no reivindica.
Coaching masculino: desacuerdo con el término «estafa»
El retrato menciona la actividad de coaching dirigida a hombres que encuentran dificultades en sus relaciones con las mujeres. La presenta como un negocio identitario y evoca una «lucrativa estafa moderna». Thaïs d’Escufon cuestiona firmemente esta expresión.
Recuerda que la palabra «estafa» remite, según ella, a un fraude, un robo o un engaño. Sin embargo, sostiene que los consejos y acompañamientos ofrecidos existen realmente y corresponden a una competencia que su público le reconoce. Por ello, añade, el desacuerdo con sus ideas no bastaría para calificar su actividad como una estafa.
También defiende el principio de monetizar su trabajo, al indicar que sus contenidos son seguidos por varios cientos de miles de personas en el conjunto de las plataformas. Para ella, ayudar a los hombres a trabajar su carisma o su capacidad de seducción responde a dificultades reales y no constituye un motivo para desacreditarlos.
Una controversia que ilustra la polarización de los debates
La reacción de Thaïs d’Escufon revela una clara oposición entre el encuadre periodístico de sus posturas y la manera en que ella pretende definirlas. El primero insiste en un discurso considerado masculinista, retrógrado y comercial; la segunda reivindica un análisis de los comportamientos, una crítica del feminismo contemporáneo y una defensa de la responsabilidad individual.
Más allá de este caso concreto, la controversia muestra hasta qué punto los debates relativos al feminismo, la sexualidad, las relaciones entre hombres y mujeres y las actividades de influencia están atravesados por desacuerdos sobre los hechos invocados, las categorías políticas y las palabras empleadas para describir las posiciones presentes.
Preguntas frecuentes
¿Por qué Thaïs d’Escufon reaccionó al retrato de Marianne?
Reaccionó después de haber sido clasificada en el puesto 98 entre las 100 personalidades francesas que hicieron opinión en 2024. Aunque afirma apreciar este reconocimiento, cuestiona varias descripciones de sus ideas y de su actividad.
¿Thaïs d’Escufon se define como masculinista?
No. Rechaza esta etiqueta y afirma analizar la psicología de los sexos sin defender una oposición entre hombres y mujeres.
¿Defiende el modelo de la tradwife?
Lo desmiente. Afirma no apoyar la idea de que las mujeres deban quedarse en casa, ser puras y estar enteramente dedicadas a su marido.
¿Qué responde a la acusación de estafa sobre su coaching?
Considera que este término es injustificado, porque los consejos y acompañamientos vendidos son, según ella, efectivamente proporcionados a los clientes. Estima que se pueden cuestionar sus ideas sin asimilar su actividad a un engaño.



