Thaïs d’Escufon responde a las críticas feministas sobre trabajo, pareja y desigualdades

El desacuerdo entre Thaïs d’Escufon y sus críticas feministas gira en torno a una cuestión central: ¿cómo interpretar las relaciones entre hombres y mujeres en la sociedad contemporánea? Los intercambios enfrentan dos marcos de análisis. Por un lado, una perspectiva feminista que pone el acento en las dominaciones, las discriminaciones y las desigualdades estructurales. Por otro, Thaïs d’Escufon defiende un enfoque basado en la historia social, las diferencias biológicas entre los sexos y la complementariedad de los roles.
Los temas abordados son numerosos: la historia del trabajo de las mujeres, el lugar de las profesiones del cuidado, las brechas salariales, el papel de la familia, el matrimonio monógamo, la seducción y la noción de sororidad. Más allá de los desacuerdos de fondo, el debate también trata sobre la propia posibilidad de confrontar visiones opuestas sin reducir al adversario a una etiqueta.
El trabajo de las mujeres: un desacuerdo sobre la interpretación histórica
Thaïs d’Escufon cuestiona la idea de que las mujeres hayan estado masivamente ausentes del trabajo durante un largo período. Sostiene que, en las sociedades rurales y familiares, una gran parte de las mujeres participaba en las actividades económicas del hogar, el comercio o la explotación agrícola, sin disponer por ello de la condición de asalariadas.
Distingue, por tanto, el trabajo en sentido amplio del trabajo asalariado. Según ella, la evolución histórica no sigue una trayectoria lineal que vaya de una mujer antes confinada al hogar a una mujer que posteriormente entra en el mercado laboral. Menciona los trabajos de la economista Claudia Goldin, Premio Nobel de Economía en 2023, para subrayar que la actividad femenina ha experimentado transformaciones según las épocas y las formas de organización económica.
Sus críticas insisten, por su parte, en la invisibilización histórica del trabajo femenino y en los obstáculos a los que las mujeres se han enfrentado para acceder a determinados derechos y espacios sociales. Consideran que los derechos obtenidos no fueron simples concesiones, sino el resultado de movilizaciones impulsadas por mujeres.
Por tanto, el desacuerdo no se refiere únicamente a los hechos mencionados, sino a su interpretación. Thaïs d’Escufon pone el acento en la participación de las mujeres en la vida productiva y en el carácter colectivo de la economía familiar de antaño. La perspectiva feminista mencionada insiste más en la autonomía jurídica, financiera y social de las mujeres.
Una visión del bienestar moderno centrada en los trabajos masculinos
Thaïs d’Escufon sostiene que el bienestar material de las sociedades occidentales descansa en gran medida sobre tareas penosas, técnicas o peligrosas, realizadas mayoritariamente por hombres. Cita, en particular, las infraestructuras, los transportes, los servicios de emergencia, las herramientas digitales y las actividades necesarias para el abastecimiento cotidiano.
Desde esta perspectiva, considera que la crítica feminista al papel de los hombres no tiene suficientemente en cuenta la contribución de quienes desempeñan las funciones más ingratas o arriesgadas. Su argumento consiste en recordar la interdependencia concreta entre los sexos, en lugar de presentar las relaciones entre hombres y mujeres como un vínculo exclusivamente conflictivo.
Las interlocutoras a las que responde subrayan, por su parte, la importancia de las profesiones del cuidado, ocupadas a menudo por mujeres. Las presentan como esenciales para el funcionamiento colectivo, en particular porque abarcan el acompañamiento, la educación y el cuidado. Thaïs d’Escufon señala una tensión en este argumento: estas profesiones pueden describirse a la vez como una fuente de poder social y como la señal de una distribución desfavorable de los roles.
Biología, pareja y matrimonio monógamo
Otro punto central de su posición se refiere al lugar de la biología en las relaciones entre los sexos. Thaïs d’Escufon considera que las estrategias relacionales de hombres y mujeres están influidas, en parte, por diferencias vinculadas a la reproducción. Asocia, en particular, el coste físico del embarazo para las mujeres con una selección más exigente de la pareja, mientras presenta a los hombres como más orientados hacia una lógica de cantidad.
Precisa que este enfoque no niega la existencia de sentimientos ni el papel de la civilización. Presenta el matrimonio monógamo como un compromiso social que ha permitido encauzar tendencias diferentes: la hipergamia femenina, según sus propios términos, y la poligamia masculina. Su objetivo declarado es comprender mejor los comportamientos amorosos para que cada persona pueda tomar decisiones con conocimiento de causa.
Esta interpretación es cuestionada por quienes rechazan hacer de la biología el marco principal para explicar las relaciones sociales. Su crítica apunta al riesgo de asignar a hombres y mujeres comportamientos supuestamente naturales, en detrimento de la historia, la sociología y las decisiones individuales.
Brechas salariales: ¿promedio global o situaciones comparables?
La cuestión de las desigualdades salariales concentra especialmente la oposición. Una participante menciona una brecha salarial del 23 % entre mujeres y hombres en 2022, atribuida al Insee. Thaïs d’Escufon responde que esta cifra corresponde a una diferencia media y que, por sí sola, no permite concluir que exista una discriminación salarial directa.
Plantea tres explicaciones principales. En primer lugar, hombres y mujeres no se orientarían hacia los mismos sectores profesionales: cita las finanzas en el caso de los hombres y el trabajo social en el de las mujeres. En segundo lugar, afirma que los hombres realizan más horas extraordinarias, al mencionar una proporción del 28 % frente al 13 % entre las mujeres. En tercer lugar, considera que las mujeres pedirían aumentos con menor frecuencia o negociarían menos su remuneración.
A partir de estos elementos, sostiene que la brecha se reduciría considerablemente cuando se tienen en cuenta las profesiones, el tiempo de trabajo y otras características comparables, hasta alcanzar aproximadamente un 5 % como máximo según su análisis. Sus opositoras mantienen, por su parte, que las diferencias observadas se inscriben en un sistema más general de discriminaciones y relaciones de dominación.
La divergencia es tanto metodológica como política: ¿debe priorizarse la diferencia media entre todos los ingresos o compararse situaciones profesionales lo más similares posible? Thaïs d’Escufon defiende claramente el segundo enfoque y cuestiona que la sola brecha agregada pueda demostrar una discriminación generalizada.
Sororidad y competencia entre mujeres
Thaïs d’Escufon también critica la noción de sororidad cuando se convierte, según ella, en una exigencia de uniformidad ideológica. Ve en ella una presión social ejercida entre mujeres para sancionar a quienes adoptan una estrategia relacional, estética o política diferente.
Relaciona esta crítica con el término «pick me», empleado para designar a una mujer percibida como alguien que busca la atención o la validación masculina. En su análisis, este término puede servir para desacreditar a mujeres que asumen su capacidad de seducción o que rechazan determinados códigos feministas. Interpreta entonces esta hostilidad como la expresión de una competencia femenina en torno a la atención masculina.
Este análisis se inscribe en una visión más amplia: Thaïs d’Escufon considera que el feminismo valoraría más cualidades que califica de viriles, como la competencia, la ambición o el poder, mientras despreciaría ciertas cualidades tradicionalmente asociadas a la feminidad. En cambio, llama a revalorizar el hogar, la atención a los demás y los roles femeninos, sin presentarlos como inferiores.
Un debate sobre las ideas y sobre el diálogo
Thaïs d’Escufon afirma que no considera a los hombres como sus enemigos y sostiene una visión basada en la cooperación entre los sexos. Reprocha a sus detractoras que reduzcan los desacuerdos intelectuales a juicios personales y que rechacen la contradicción.
Las posiciones siguen estando muy alejadas. Las críticas feministas mencionadas defienden un análisis de las desigualdades basado en las relaciones de poder y las discriminaciones. Thaïs d’Escufon privilegia una interpretación de las diferencias sexuales, las elecciones individuales, las complementariedades y las responsabilidades compartidas. La confrontación revela así dos concepciones difícilmente conciliables del trabajo, la pareja y la emancipación.
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el principal desacuerdo entre Thaïs d’Escufon y sus críticas feministas?
El principal desacuerdo se refiere al origen de las desigualdades entre los sexos. Sus críticas las consideran el efecto de dominaciones y discriminaciones estructurales, mientras que Thaïs d’Escufon destaca las diferencias biológicas, las elecciones profesionales y la interdependencia entre hombres y mujeres.
¿Cuál es la posición de Thaïs d’Escufon sobre las brechas salariales?
Cuestiona la interpretación de una brecha global como prueba directa de discriminación. Invoca, en particular, las diferencias de profesiones, de tiempo de trabajo y de negociación salarial para explicar una parte importante de las diferencias constatadas.
¿Cómo define la sororidad?
Critica una forma de sororidad que interpreta como una presión ejercida entre mujeres para impedir que algunas de ellas se diferencien, especialmente en la competencia amorosa o en la expresión de posiciones no feministas.



