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¿Se han vuelto inútiles las mujeres? Tecnología, soltería y la «gran separación»

La pregunta «¿se han vuelto inútiles las mujeres?» forma parte de un debate más amplio sobre la evolución de las relaciones entre los sexos. Surge en la confluencia de varios fenómenos: el desarrollo de las tecnologías sexuales, el aumento de la soltería, el cansancio ante las citas en línea y las inquietudes sobre la disminución de los nacimientos en los países occidentales.

Planteada de este modo, puede parecer provocadora o poco realista. Sin embargo, refleja una cuestión real: si la técnica y las transformaciones sociales permiten disociar en mayor medida la sexualidad, la pareja, la procreación y la seguridad económica, ¿qué ocurre con la necesidad de construir una relación duradera? La respuesta no consiste en declarar que un sexo se haya vuelto superfluo. Más bien lleva a examinar los riesgos de una separación creciente entre hombres y mujeres.

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¿Por qué surge la idea de una sustitución tecnológica?

Los objetos y servicios relacionados con la sexualidad están experimentando un importante desarrollo. Se cita, en particular, un estudio de 2022 que indicaba que cerca de uno de cada dos hombres en Francia estaría dispuesto a mantener relaciones sexuales con un robot. Asimismo, se presentaba el mercado de la «sextech» como susceptible de superar los 120.000 millones de dólares en 2024.

Robots de apariencia humana, pornografía en realidad virtual y otros dispositivos de inmersión alimentan la idea de que una intimidad simulada podría evitar a algunas personas las dificultades del encuentro: miedo al rechazo, incertidumbre afectiva, conflictos, soledad o sensación de no ajustarse a las expectativas amorosas.

Sin embargo, estas tecnologías no sustituyen automáticamente una relación. Pueden responder a una búsqueda de estimulación o consuelo, pero no constituyen por sí solas una prueba de que el vínculo humano, la reciprocidad o un proyecto familiar hayan dejado de ser deseados. La cuestión es menos técnica que relacional: ¿qué ocurre cuando una parte de la población renuncia a buscar pareja en su entorno cercano?

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Del progreso social al temor de una inutilidad mutua

Desde el siglo XIX, las sociedades occidentales han experimentado grandes transformaciones respecto al lugar de las mujeres: acceso al derecho de voto, a la anticoncepción, al aborto, a los estudios, al trabajo y a una autonomía económica más amplia. Estos cambios han modificado profundamente la distribución tradicional de los roles dentro de la pareja y la familia.

Según esta interpretación, los hombres ya no son indispensables para la supervivencia material de un hogar del mismo modo que antes. Algunos análisis prolongan entonces el razonamiento: si los avances técnicos también permiten una mayor disociación entre procreación y relación de pareja, las mujeres podrían, a su vez, ser consideradas sustituibles por soluciones artificiales.

Esta lógica se basa en una visión utilitarista de las relaciones humanas. Reduce al otro sexo a una función: asegurar ingresos, proporcionar sexualidad, permitir la parentalidad o realizar una tarea doméstica. Sin embargo, una relación no se limita al cumplimiento de funciones. El apego, el deseo de ser elegido, la ayuda mutua, la educación de los hijos y la construcción de una historia común escapan en gran medida a este enfoque.

La «gran separación»: una relación entre los sexos bajo tensión

La expresión «gran separación» designa un escenario en el que hombres y mujeres de un mismo país vivirían cada vez más distanciados, con indiferencia u hostilidad. En su forma más moderada, cada cual lleva una vida autónoma sin buscar de forma duradera al otro. En su forma más conflictiva, cada sexo interpreta al otro como una amenaza, un adversario o la causa de sus propias dificultades.

Esta polarización puede verse amplificada por las redes sociales. En ellas, los discursos de revancha enfrentan a veces a los hombres con las feministas, o a las mujeres con hombres considerados hostiles. Las generalizaciones se vuelven entonces fáciles: todos los hombres serían peligrosos o deficientes; todas las mujeres serían interesadas, despreciativas o ideológicamente radicalizadas. Estas representaciones dificultan la confianza y alejan a las personas del encuentro concreto.

Las aplicaciones de citas también pueden intensificar una sensación de competencia. Para algunas personas, dan la impresión de estar permanentemente en competición, de ser evaluadas con rapidez y de verse expuestas a rechazos reiterados. Ante esta dificultad, refugiarse en los videojuegos, el desplazamiento continuo de contenidos o los universos digitales puede parecer menos arriesgado que emprender una iniciativa amorosa.

Soltería, aislamiento y retroceso de la intimidad

El fenómeno no se limita al odio entre los sexos. La indiferencia, el cansancio y la evitación pueden tener efectos comparables. Se menciona una cifra: el 43 % de las personas de entre 18 y 25 años no habría tenido pareja durante el año anterior. Sin bastar para explicar todas las evoluciones de la vida familiar, esta situación alimenta la pregunta sobre el retroceso de las oportunidades para formar parejas.

La disminución de la natalidad en Francia y en otros países occidentales suele asociarse a las dificultades materiales que afrontan los jóvenes adultos y las familias: vivienda, empleo, coste de la vida o falta de perspectivas. Estos factores se presentan como reales. Pero el acceso difícil a una relación estable también puede entrar en la ecuación: antes de decidir tener un hijo, para muchas personas es necesario encontrar a alguien con quien plantearse un proyecto común.

Sería reduccionista explicar la natalidad mediante una única causa. Las elecciones de vida, las condiciones económicas, la edad de la parentalidad, las aspiraciones profesionales y la calidad de las relaciones son elementos que pueden cruzarse. La idea central sigue siendo que el debilitamiento de la intimidad puede tener repercusiones que van más allá de la vida privada.

Los «passport bros» y la búsqueda de pareja en el extranjero

Otra respuesta a la desilusión relacional consiste en buscar pareja en el extranjero. Los «passport bros» suelen designar a hombres occidentales, a menudo con movilidad y una situación económica favorable, que se dirigen a América del Sur o Asia para conocer a una compañera. No necesariamente rechazan a las mujeres en general, pero a veces afirman que ya no se reconocen en las normas relacionales de su país.

Este enfoque y el recurso a las tecnologías sexuales adoptan formas muy distintas. No obstante, pueden reflejar una misma ruptura: la renuncia a buscar una relación en el marco social inmediato. Uno apuesta por la movilidad geográfica; el otro, por la simulación tecnológica. En ambos casos, la dificultad percibida de las relaciones locales se convierte en el punto de partida.

Salir de la lógica de la guerra de sexos

Oponer la emancipación de las mujeres a una revancha de los hombres conduce a un callejón sin salida. La desaparición simbólica del otro sexo no resuelve ni la soledad, ni la falta de confianza, ni la dificultad de formar familias. Al contrario, instala un imaginario de confrontación en el que el fracaso amoroso se convierte en una supuesta victoria sobre el otro.

Una lógica de acercamiento se basa en objetivos más concretos: salir del resentimiento generalizado, aceptar que el encuentro implica una parte de vulnerabilidad, trabajar en la propia estabilidad y buscar una relación compatible en lugar de una revancha. Esto no implica ni precipitación ni la obligación de formar una familia según un modelo único.

El debate sobre la utilidad de las mujeres revela, por tanto, sobre todo una inquietud ante la soledad y la erosión del vínculo entre hombres y mujeres. La pregunta decisiva no es qué sexo podría sustituir al otro. Es entender cómo preservar relaciones basadas en el respeto, la confianza y la posibilidad de construir juntos de forma duradera.

Preguntas frecuentes

¿Pueden las tecnologías sexuales sustituir una relación de pareja?

Pueden responder a algunas necesidades individuales, pero no reproducen necesariamente la reciprocidad, el compromiso y el proyecto común que caracterizan una relación de pareja.

¿Por qué se habla de «gran separación»?

Esta expresión describe el alejamiento creciente entre hombres y mujeres, alimentado por la desconfianza, los discursos de confrontación, la soltería y la renuncia al encuentro.

¿La disminución de la natalidad se explica únicamente por la economía?

Las dificultades económicas se presentan como un factor real, pero no bastan necesariamente para explicar por sí solas las evoluciones. También pueden tenerse en cuenta el aislamiento y la dificultad para formar parejas.

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