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¿La izquierda era realmente «menos progresista» antes?

La idea de que la izquierda era «mejor antes» reaparece regularmente en los debates políticos franceses. Se apoya en los recuerdos de figuras obreras, discursos sobre la soberanía, antiguas posturas sobre la inmigración o una época en la que los enfrentamientos parecían centrarse más en la economía que en las cuestiones identitarias.

Esta nostalgia no implica necesariamente una adhesión a la izquierda histórica. A menudo expresa la sensación de que algunos debates contemporáneos han cambiado de naturaleza y de que las categorías políticas tradicionales ya no bastan para describir las divisiones actuales. Pero ¿puede hablarse realmente de una antigua izquierda fundamentalmente distinta de la actual?

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La nostalgia de una izquierda más popular y más nacional

En una parte de la derecha, las referencias a Georges Marchais, Jean Jaurès o François Mitterrand se movilizan a veces para oponer una izquierda del pasado, considerada más seria o más arraigada, a una izquierda contemporánea descrita como más progresista en asuntos sociales y culturales.

Georges Marchais es citado, en particular, por sus declaraciones hostiles a la llegada de nuevos trabajadores inmigrantes en un contexto de desempleo masivo. Algunos interpretan esta postura como la prueba de que una parte de la izquierda comunista defendió en otro tiempo una línea cercana a la preferencia nacional o a una limitación duradera de la inmigración.

Esta interpretación es cuestionada. El argumento es que la posición de Marchais respondía ante todo a un análisis económico y social: se criticaba la llegada de nuevos trabajadores en un contexto en el que numerosos franceses e inmigrantes ya presentes carecían de empleo. Por tanto, según esta lectura, no constituía una defensa identitaria de la nación.

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Una continuidad en torno al ideal de igualdad

La tesis central consiste en ver en la izquierda una continuidad filosófica más que una ruptura. Esta continuidad se basaría en la búsqueda de la igualdad y en la idea de que las diferencias sociales, económicas, sexuales o culturales deben ser corregidas mediante la acción política.

Según este análisis, las sucesivas luchas por los derechos de los trabajadores, la igualdad entre mujeres y hombres, la lucha contra las discriminaciones, los derechos de las personas homosexuales o transgénero, así como las políticas de inclusión, no serían causas aisladas. Seguirían una misma lógica: reducir las desigualdades consideradas injustas entre individuos y grupos.

Sin embargo, este razonamiento es profundamente político y conflictivo. Sus detractores ven en él una dinámica sin límites, capaz de cuestionar las normas sociales, las herencias culturales o la meritocracia. Sus partidarios pueden ver, por el contrario, una extensión progresiva de derechos y protecciones a personas hasta entonces marginadas.

Por tanto, el desacuerdo se refiere menos a la constatación de una evolución de las reivindicaciones que a su significado. Para unos, se trata de una radicalización; para otros, de una continuidad en la búsqueda de la igualdad civil y social.

Del movimiento obrero a las minorías: ¿un cambio de prioridad?

Otro punto importante se refiere a la evolución del electorado y de las prioridades atribuidas a la izquierda. Históricamente, el movimiento obrero y las organizaciones comunistas o socialistas situaron la condición de los trabajadores en el centro de su discurso. Con el tiempo, la representación política de las clases populares se transformó, mientras que las cuestiones relacionadas con la discriminación, el antirracismo, el feminismo y las minorías cobraron mayor importancia.

Este desplazamiento se presenta como una elección estratégica e ideológica: la izquierda habría dejado de lado a una parte del electorado obrero para apoyarse más en los jóvenes, las mujeres, los habitantes de las ciudades, los inmigrantes y sus descendientes, así como en los sectores culturalmente progresistas.

El informe Terra Nova publicado en 2011 se cita como símbolo de esta recomposición. Cercano al Partido Socialista, el grupo de reflexión proponía reconocer transformaciones electorales y sociológicas. En el debate público, este documento fue leído bien como una descripción de nuevas coaliciones electorales, bien como la señal de un distanciamiento asumido respecto al voto obrero.

La cuestión sigue siendo sensible: ¿este cambio corresponde a un abandono de las clases populares, a una adaptación a las evoluciones de la sociedad francesa o a una combinación de ambas cosas? Las respuestas difieren según las tradiciones políticas y las prioridades adoptadas.

Inmigración: el principal punto de fractura

La inmigración constituye uno de los asuntos en torno a los cuales se concentra la nostalgia por una antigua izquierda. Algunas declaraciones históricas se utilizan regularmente para sostener la idea de que los dirigentes de izquierda eran antes más restrictivos que hoy.

Sin embargo, existe en la historia del movimiento socialista y comunista una sólida tradición internacionalista. Esta tradición defendió la solidaridad entre trabajadores de distintas nacionalidades y la protección de los trabajadores extranjeros frente a la arbitrariedad administrativa o policial.

Jean Jaurès es mencionado a través de una aclaración sobre las citas que se le atribuyen. Una fórmula repetida con frecuencia en los debates políticos —según la cual la patria sería el único bien de quienes no tienen nada— se presenta como falsamente atribuida a Jaurès. En cambio, una cita recogida en el texto hace hincapié en la protección y la organización colectiva de los trabajadores extranjeros junto a sus compañeros franceses.

Estas referencias muestran sobre todo que resulta arriesgado reducir largas tradiciones políticas a una sola frase o a una única secuencia. La izquierda pudo defender a los asalariados nacionales, denunciar la presión ejercida sobre el mercado laboral, apoyar a los trabajadores inmigrantes y promover el internacionalismo. Estas dimensiones coexistieron, con tensiones variables según los periodos.

¿Por qué la antigua izquierda atrae a algunos votantes de derecha?

La nostalgia por la antigua izquierda puede entenderse como una nostalgia más general por una sociedad anterior. Esta se asocia a menudo con referentes sociales más estables, un debate público percibido como menos polarizado y un panorama político más legible.

Desde esta perspectiva, no siempre se echa de menos a la antigua izquierda en sí misma, sino el contexto histórico al que remite. Las figuras del pasado parecen a veces más aceptables porque pertenecen a una época ya concluida y porque pueden seleccionarse a través de algunas posturas que se han vuelto compatibles con las preocupaciones actuales.

Esta memoria es necesariamente parcial. Retiene ciertos discursos sobre la industria, el trabajo, la autoridad pública o las fronteras, pero puede dejar de lado el internacionalismo, la centralidad de la lucha de clases, las reivindicaciones de igualdad o los compromisos antirracistas que también estructuraron la historia de la izquierda.

Una oposición entre dos visiones de la política

El debate no se refiere únicamente al pasado de la izquierda. Enfrenta dos formas de definir el papel de la política. La primera privilegia la igualdad, la reducción de las discriminaciones y la ampliación de derechos. La segunda pone mayor énfasis en la continuidad histórica, la pertenencia nacional, las herencias colectivas y la preservación de distinciones consideradas estructurantes.

Presentar a la antigua izquierda como una aliada natural de la derecha no refleja plenamente esta oposición. Pueden existir convergencias puntuales sobre el trabajo, la soberanía o la crítica de la globalización, pero no bastan para borrar las divergencias filosóficas sobre la identidad, la igualdad, la inmigración o la concepción de la nación.

La nostalgia política puede arrojar luz sobre las inquietudes contemporáneas, pero no sustituye al análisis de las ideas. Comprender a la antigua izquierda exige considerar a la vez sus discursos sociales, sus tradiciones internacionalistas y las transformaciones que condujeron a las divisiones actuales.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se cita con frecuencia a Georges Marchais en los debates sobre inmigración?

Se le cita regularmente por declaraciones contrarias a la llegada de nuevos trabajadores inmigrantes en un contexto de desempleo. El sentido de estas declaraciones es objeto de debate: algunos ven en ellas una postura restrictiva, mientras que otros subrayan que estaban vinculadas ante todo a la situación económica y al desempleo.

¿El informe Terra Nova de 2011 proponía renunciar al voto obrero?

El informe se convirtió en el símbolo de una estrategia electoral orientada hacia una coalición de categorías como los jóvenes, las mujeres, los habitantes de las ciudades y las poblaciones de origen inmigrante. Sus críticos lo interpretaron como una ilustración del distanciamiento de la izquierda respecto a su electorado obrero tradicional.

¿Puede hablarse de una ruptura total entre la izquierda histórica y la izquierda actual?

No, esta idea es cuestionada. Una interpretación insiste en las continuidades en torno a la igualdad, el internacionalismo y la lucha contra las discriminaciones. Otras ponen más bien el acento en el cambio de los temas, los electorados y las formas de expresión política.

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