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Fascismo: por qué las definiciones históricas importan en el debate político

La palabra «fascismo» ocupa un lugar particular en el debate político. Utilizada a menudo para denunciar a un adversario, puede designar alternativamente el autoritarismo, la censura, la violencia, el nacionalismo o incluso la intolerancia. Sin embargo, estas realidades no bastan, por sí solas, para caracterizar una ideología fascista. Una definición del fascismo exige distinguir las prácticas comunes a varias familias políticas de aquello que constituye históricamente su especificidad.

La cuestión no es únicamente léxica. Emplear un término demasiado amplio puede impedir comprender las corrientes que realmente se critican. Por el contrario, una definición más precisa permite situar mejor las tradiciones políticas, sus objetivos, sus medios de acción y sus divergencias.

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Por qué la violencia o la censura no definen por sí solas el fascismo

La violencia política, la restricción de las libertades, el control de la información o la designación de grupos como responsables de las dificultades colectivas se asocian regularmente con el fascismo. Estos fenómenos pudieron existir efectivamente en los regímenes fascistas. No obstante, no les son exclusivos.

La censura, por ejemplo, puede practicarse en sistemas ideológicos muy distintos. Del mismo modo, la violencia, la intolerancia o el dogmatismo pueden aparecer en numerosas tradiciones políticas. Utilizarlos como criterios únicos equivale, por tanto, a extender indefinidamente la etiqueta de fascismo.

Esta imprecisión lleva a equiparar cualquier comportamiento contrario a las libertades con el fascismo. Sin embargo, varias ideologías, tanto antes como después de la aparición histórica del fascismo, han podido limitar las libertades o reprimir a sus oponentes. La existencia de un rasgo compartido no basta para establecer una identidad ideológica.

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El mismo razonamiento se aplica a las analogías rápidas. Calificar de «fascista» a una corriente, una religión o un adversario político no informa necesariamente sobre su naturaleza. Una comparación puede cumplir una función polémica, pero no sustituye al análisis histórico.

Un concepto debatido por los historiadores

La definición del fascismo es objeto de debates historiográficos. Para abordarla se movilizan diversos trabajos, entre ellos ¿Qué es el fascismo? de Emilio Gentile, Los movimientos fascistas en Europa de Ernst Nolte, Breve historia del fascismo de Renzo De Felice y La derecha revolucionaria de Zeev Sternhell.

Estos debates muestran que resulta difícil reducir el fascismo a una única fórmula. Es más pertinente reconocerlo a partir de una combinación de características que de un comportamiento aislado o de un insulto político.

Una propuesta de análisis retiene, en particular, siete elementos: la religión política, el partido-Estado, la presencia de milicias y la militarización de la sociedad, una estrategia revolucionaria asociada a un ideal reaccionario, un antiigualitarismo radical, la hostilidad hacia el liberalismo y el marxismo y, por último, la creencia en el progreso técnico sin una creencia equivalente en un progreso moral.

Los principales rasgos asociados al fascismo

La religión política

La religión política designa la elevación de la política al rango de creencia total. En esta lógica, la ideología, la nación o el Estado dejan de ser meros objetos de debate: se convierten en principios a los que el individuo debe adherirse plenamente. Esta dimensión va más allá de la simple defensa de convicciones políticas firmes.

El partido-Estado

El fascismo también se asocia con la fusión entre un partido único y el Estado. El partido deja de ser un actor entre otros en la competencia política: estructura el acceso a las instituciones, la organización social y la representación de la comunidad nacional. Esta lógica se distingue de un sistema pluralista, incluso cuando este es fuertemente conflictivo.

Las milicias y la militarización de la sociedad

La presencia de milicias políticas y la valoración de la militarización constituyen otra referencia importante. No se trata simplemente del respeto por el ejército o de la voluntad de mantener el orden. La especificidad reside en la transformación de la sociedad conforme a códigos guerreros y en el uso de organizaciones políticas paramilitares.

Una revolución al servicio de un ideal reaccionario

El fascismo también puede articular una voluntad de ruptura radical con la sociedad existente y un imaginario de restauración. Esta asociación entre estrategia revolucionaria e ideal reaccionario permite comprender por qué no se confunde ni con el conservadurismo clásico ni con el liberalismo.

Antiigualitarismo, antiliberalismo y antimarxismo

Según esta interpretación, el fascismo se basa en un antiigualitarismo radical y también se define por su oposición al liberalismo y al marxismo. No obstante, estos elementos deben entenderse en conjunto. El rechazo del marxismo, por sí solo, no caracteriza evidentemente al fascismo; es compartido por numerosas corrientes políticas.

Por último, el fascismo puede valorar la técnica y el progreso material al tiempo que cuestiona la idea de un progreso moral continuo de la humanidad. Esta distinción entre progreso técnico y progreso moral forma parte de las referencias propuestas para delimitar su visión del mundo.

¿El fascismo es de derecha o de izquierda?

La ubicación del fascismo en el eje derecha-izquierda sigue siendo objeto de controversia. Una tesis extendida en ciertos sectores de la derecha lo presenta como una ideología de izquierda, especialmente debido a la trayectoria inicial de Benito Mussolini dentro del socialismo italiano.

Se recuerda que Mussolini fue una figura importante del Partido Socialista Italiano, antes de ser expulsado de él en 1914 por su apoyo a la guerra. Posteriormente se alejó del pacifismo, el humanismo, la lucha de clases y la democracia al elaborar el fascismo.

Según la interpretación expuesta aquí, el fascismo pudo retomar una dimensión social y revolucionaria procedente de la izquierda, al tiempo que rechazaba sus demás fundamentos. Por tanto, esta filiación parcial no bastaría para clasificarlo como una ideología de izquierda. La visión que sitúa el fascismo en esta familia política se presenta como minoritaria entre los historiadores, mientras que otra interpretación lo ubica en la amplia familia de la derecha y, más precisamente, de la extrema derecha.

Esta clasificación no significa que toda la derecha sea fascista. Una familia política no se reduce a uno de sus componentes, del mismo modo que la existencia de ideas comunes no basta para borrar las oposiciones fundamentales entre corrientes.

Evitar las etiquetas que sustituyen al análisis

Calificar de fascistas a militantes antifascistas por el único motivo de que sean violentos o intolerantes plantea la misma dificultad conceptual. La violencia y la intolerancia pueden criticarse por sí mismas, pero no constituyen una prueba suficiente de adhesión al fascismo.

La política implica conflictos de valores y límites respecto de lo que un grupo considera aceptable. Esto no convierte toda posición política en fascista. Para conservar un sentido histórico de la palabra, es necesario identificar un conjunto coherente de principios, instituciones y métodos: culto político, Estado-partido, organización militante, proyecto de transformación social y rechazo radical de la igualdad, el liberalismo y el marxismo.

La precisión de los términos no neutraliza el desacuerdo. Más bien permite hacerlo más inteligible. En lugar de reducir a un adversario a una etiqueta, invita a examinar sus ideas, su relación con el Estado, el pluralismo, las libertades, la violencia y la organización de la sociedad.

Preguntas frecuentes: comprender la definición del fascismo

¿El fascismo se reduce a la dictadura?

No. La dictadura y la represión pueden existir en otros sistemas políticos. El fascismo se reconoce más bien por una combinación de rasgos ideológicos e institucionales, entre ellos el partido-Estado, la religión política, las milicias y un antiigualitarismo radical.

¿La censura es necesariamente fascista?

No. La censura puede ser utilizada por regímenes y movimientos muy diferentes. Puede ser uno de los elementos presentes en un régimen fascista, sin ser su criterio exclusivo.

¿El fascismo pertenece necesariamente a la extrema derecha?

Esta clasificación es objeto de debate. La interpretación presentada lo sitúa en la familia de la derecha, más precisamente en la extrema derecha, al tiempo que subraya que el fascismo no permite definir al conjunto de la derecha.

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