Por qué Thaïs d’Escufon no se define como feminista

Thaïs d’Escufon no se define como feminista. Su postura no consiste en negar la existencia de las mujeres, su autonomía o su lugar en la sociedad, sino en rechazar lo que considera las orientaciones del feminismo contemporáneo. Considera necesaria otra lectura de las relaciones entre hombres y mujeres: una lectura atenta a las diferencias biológicas, psicológicas y sociales, así como a la complementariedad entre los sexos.
Tampoco acepta presentarse como tradicionalista o conservadora. A su juicio, los modelos antiguos no pueden restablecerse simplemente por principio, ya que las condiciones materiales, económicas y familiares han cambiado. Prefiere, en cambio, el término «realismo» para describir su enfoque.
Una crítica de un feminismo percibido como hostil a la masculinidad
El primer reproche se refiere al lugar de lo masculino. Thaïs d’Escufon considera que el feminismo que critica convierte al hombre, la masculinidad y la figura paterna en adversarios a combatir. Juzga esta lógica contraproducente, pues, según ella, una sociedad no puede ni perpetuarse ni funcionar sin la participación de los hombres.
Atribuye a los hombres funciones de constructores, protectores y transgresores. Desde esta perspectiva, la cuestión central no sería neutralizar las características masculinas, sino permitir que hombres y mujeres expresen sus cualidades sin entrar en una lógica de conflicto permanente.
Asimismo, relaciona las relaciones contemporáneas entre los sexos con un deterioro de las relaciones amorosas y familiares. Menciona menos matrimonios, menos hijos y más personas que ya no desearían compartir su vida con alguien. Estas observaciones se presentan como consecuencias de un modelo relacional que considera insano.
La igualdad como fuente de resentimiento, según su lectura
Thaïs d’Escufon vincula el feminismo a una crítica más general del igualitarismo. Sostiene que la búsqueda de una igualdad integral entre las personas lleva a borrar las diferencias, las aptitudes y las funciones de cada uno. Ve en ello una fuente de celos y resentimiento.
En su razonamiento, este resentimiento se expresaría en varios niveles: entre mujeres, contra las mujeres a las que considera admirables; contra los hombres, mediante la desvalorización de lo masculino; y contra las obligaciones o los deberes colectivos. Considera que un modelo uniforme, pensado «para todos», acaba empobreciendo a los individuos en lugar de permitirles desarrollar sus singularidades.
Esta crítica se basa, por tanto, en la idea de que la igualdad no debería significar la identidad absoluta entre los sexos. Para Thaïs d’Escufon, reconocer diferencias entre hombres y mujeres no equivale a defender su jerarquía, sino a tener en cuenta realidades que considera observables.
La belleza y la feminidad en el centro de su desacuerdo
La cuestión estética ocupa un lugar importante en su argumentación. Reprocha a algunas expresiones militantes que desvaloricen la belleza, la feminidad convencional y los concursos o representaciones que ponen en valor la apariencia femenina. Asocia esta tendencia con una celebración de lo que describe como fealdad, mediocridad o provocación.
Su planteamiento establece un vínculo directo entre estética y moral: para ella, la destrucción deliberada de lo bello tendría consecuencias para las personas, su entorno y las generaciones futuras. Esta postura responde a un juicio de valor asumido, según el cual el orden, la belleza y la excelencia están vinculados.
También considera que el feminismo contemporáneo libra, paradójicamente, una batalla contra la feminidad. Le reprocha presentar los atributos tradicionalmente asociados a las mujeres como necesariamente degradantes y animar a las mujeres a aproximarse a un comportamiento masculino, especialmente en la esfera sentimental.
Diferencias biológicas y psicológicas: la base de su «realismo»
Para Thaïs d’Escufon, una reflexión sobre las relaciones entre hombres y mujeres debe partir de las diferencias corporales y psicológicas. Cita, en particular, las diferencias musculares, óseas y hormonales. Sostiene que estas diferencias contribuyen a orientar determinados comportamientos, gustos e intereses.
También afirma que hombres y mujeres presentarían diferencias de personalidad y de vulnerabilidad ante ciertos trastornos. Menciona, por un lado, la fuerte presencia masculina entre las personas reconocidas en determinadas disciplinas prestigiosas y, por otro, la sobrerrepresentación de los hombres entre la población reclusa. Interpreta estas diferencias como incompatibles con la idea de que todas las diferencias de resultados sean producidas únicamente por una voluntad social de ocultar los talentos femeninos.
Su postura consiste, por tanto, en rechazar las representaciones en las que las capacidades físicas de hombres y mujeres serían intercambiables. Critica en particular las ficciones en las que una mujer de complexión ligera domina físicamente, con las manos desnudas, a hombres mucho más pesados. Paralelamente, reconoce en las mujeres cualidades propias, entre ellas la conciencia profesional, útil, según ella, para la estabilidad de una pareja, una familia, una empresa o una civilización.
La complementariedad en lugar de la rivalidad
El tercer principio de su enfoque es la necesidad recíproca de hombres y mujeres. Recuerda que no hay reproducción sin coexistencia pacífica y sostiene que ambos sexos poseen cualidades complementarias.
En esta visión, la seguridad física aportada por los hombres moderaría a las mujeres, mientras que la riqueza emocional de las mujeres moderaría a los hombres. Cada uno tendría así un papel que desempeñar para evitar que el otro caiga en el egoísmo, la obsesión o el exceso.
Recurre al ejemplo de Lisístrata, la comedia de Aristófanes escrita en 411 antes de Jesucristo. Interpreta la obra no como un alegato feminista, sino como la historia de mujeres que utilizan su influencia sobre los hombres para apartarlos de una obsesión bélica que amenaza el orden social.
Espacios distintos para hombres y mujeres
Thaïs d’Escufon también defiende la existencia de lugares reservados, temporal o permanentemente, a un solo sexo. Considera que hombres y mujeres necesitan convivir, pero no necesariamente en todos los espacios y en todo momento.
Aplica esta idea a la escuela, el deporte, el trabajo, los estudios, la religión y la cultura. Según ella, cierta separación por sexos puede ofrecer referencias útiles, especialmente durante la infancia y la adolescencia. Menciona el interés de contar con centros escolares separados para niños y niñas en determinadas etapas de la escolarización, con el fin de reducir los juegos de seducción y favorecer la camaradería o la concentración.
Distingue estos espacios de separación de una voluntad de ruptura entre los sexos. Su función sería, por el contrario, permitir que cada cual se construya antes de vivir mejor la relación con el otro. Así, relaciona los espacios femeninos con la necesidad de sociabilidad entre mujeres, y los espacios masculinos con la fraternidad entre hombres.
Por qué no propone un regreso al pasado
Aunque Thaïs d’Escufon cuestiona el feminismo, no presenta el modelo de ama de casa de los años 1950 como una solución inmediatamente trasladable. Subraya que ese modelo solo era posible en circunstancias particulares, especialmente cuando un único salario podía mantener a toda una familia.
Relata el ejemplo de su madre, ama de casa y madre de nueve hijos, cuya situación dependía del trabajo de su padre. También subraya el aislamiento que podía provocar la distancia geográfica respecto de la familia y la ausencia de un entorno cercano. En una sociedad individualizada y atomizada, considera por tanto comprensible que ese modelo haya sido cuestionado.
Su objetivo declarado es buscar un modo de coexistencia positivo para las mujeres, los hombres y la sociedad. Propone alejarse de las ideologías para partir, en sus propios términos, de realidades concretas, de las ciencias de la vida, pero también de la cultura, los mitos, las tradiciones y los relatos colectivos.
Preguntas frecuentes
¿Thaïs d’Escufon se considera tradicionalista?
No. Indica que tampoco se identifica con la etiqueta de tradicionalista o conservadora, que considera demasiado imprecisa e inadaptada a las condiciones actuales de la sociedad.
¿Qué alternativa propone al feminismo?
Reivindica un enfoque «realista» de las relaciones entre hombres y mujeres, basado en el reconocimiento de las diferencias biológicas y psicológicas, la complementariedad y la existencia de espacios propios para cada sexo.
¿Qué lugar concede a la maternidad?
Considera la maternidad como una base esencial para la continuidad de las civilizaciones y critica los discursos que la presentan, según ella, como una condición necesariamente retrógrada o desvalorizante.



