Por qué Thaïs d’Escufon no cree en la asimilación

Thaïs d’Escufon defiende la idea de que la asimilación ya no constituye una respuesta adecuada a los desafíos migratorios e identitarios que describe en Francia. No obstante, distingue la asimilación de individuos aislados, que considera posible en ciertos casos, de una política de asimilación a gran escala, que juzga impracticable.
Su planteamiento se inscribe en una visión muy crítica de la inmigración contemporánea, del islamismo, del funcionamiento institucional y de la evolución demográfica. Concluye que el modelo asimilacionista debería abandonarse en favor de la «remigración» y de una afirmación identitaria europea. Estas posiciones responden a una interpretación política e identitaria específica del debate sobre la inmigración y la nación.
La asimilación, un ideal considerado atractivo pero superado
La asimilación se presenta como una idea teóricamente atractiva: una persona llegada a un país podría adoptar su lengua, sus costumbres, sus referencias y su forma de vida, hasta integrarse plenamente en la comunidad nacional.
Sin embargo, Thaïs d’Escufon considera que este ideal ya no responde a la situación actual. Sostiene que la cuestión no se limitaría a la integración de personas individuales, sino que afectaría a la capacidad de un país para preservar una identidad colectiva cuando las llegadas se vuelven numerosas y duraderas.
Insiste en una distinción central de su razonamiento: asimilar a una persona separada de su grupo de origen sería concebible, mientras que asimilar a grupos importantes, constituidos como comunidades y dotados de referencias propias, no lo sería. Según ella, es el paso de situaciones individuales a un fenómeno colectivo lo que volvería inoperante el modelo.
Primer argumento: la cuestión demográfica
El primer eje de su crítica se refiere a la demografía. Thaïs d’Escufon menciona un aumento de los nacimientos de niños con al menos un progenitor extranjero y una disminución de los nacimientos de niños con dos progenitores europeos entre 1999 y 2019. Cita datos atribuidos al Observatorio de la Inmigración: una caída del 15,6 % en los nacimientos de niños de dos progenitores europeos, un aumento del 61,3 % en los niños con al menos un progenitor extranjero y un aumento del 49,8 % cuando ambos progenitores son extranjeros.
A partir de estas cifras, sostiene que la asimilación podría aplicarse a individuos, pero no a «pueblos». Para ella, cuando las poblaciones llegadas o procedentes de la inmigración forman conjuntos numerosos, la relación entre la sociedad de acogida y los recién llegados cambia de naturaleza: ya no se trataría de la adopción de un marco común por unas pocas personas, sino de la coexistencia de grupos colectivos.
Esta interpretación demográfica fundamenta una parte esencial de su rechazo a una política asimilacionista. Considera que el volumen de las llegadas y la formación de comunidades impedirían que el proceso culminara a escala nacional.
Segundo argumento: diferencias civilizatorias y una memoria conflictiva
Thaïs d’Escufon afirma a continuación que las personas que llegan a Francia procederían a veces de civilizaciones que considera muy alejadas de la cultura francesa. Estima que la asimilación sería tanto más difícil cuanto menor fuera la existencia de referencias culturales comunes.
Compara esta situación con las migraciones europeas del pasado. Recuerda que el asentamiento de italianos, españoles o portugueses en Francia pudo conocer dificultades, al tiempo que subraya que estas poblaciones pertenecían, según ella, a una civilización cercana. Su razonamiento consiste en afirmar que, si la adaptación pudo resultar compleja entre sociedades europeas, sería aún más difícil con personas procedentes de otros continentes y de otras tradiciones culturales.
También vincula esta dificultad con la historia colonial. Según ella, algunos individuos o grupos albergarían una hostilidad hacia Francia relacionada con ese pasado. Menciona asimismo la existencia de una izquierda decolonial a la que acusa de oponerse políticamente a la cultura francesa y de contribuir a una relación de confrontación con ella.
Estas afirmaciones estructuran su tesis: a su juicio, la asimilación supondría una voluntad de adherirse a la cultura nacional y una base suficiente de convergencia. Considera que esas condiciones no se cumplirían en una parte de las situaciones que menciona.
Tercer argumento: la presencia de comunidades ya constituidas
El tercer punto se refiere a la existencia de barrios en los que comunidades inmigradas o procedentes de la inmigración ya estarían sólidamente establecidas. Thaïs d’Escufon menciona territorios que algunos responsables políticos califican como «territorios perdidos de la República».
Retoma la expresión «zonas sin ley», pero afirma que el problema sería, de forma más amplia, el de las «zonas de no Francia». Desde su perspectiva, estos espacios escaparían parcialmente a la influencia del Estado, en particular a la de las fuerzas de seguridad, y funcionarían según lógicas sociales, culturales o identitarias distintas del marco nacional.
Describe este fenómeno como una forma de secesión progresiva, no militar, sino demográfica. La idea defendida es que la concentración geográfica de poblaciones que comparten una identidad diferenciada haría más difícil la asimilación, ya que los individuos no estarían aislados, sino integrados en redes comunitarias duraderas.
Cuarto argumento: una identidad francesa que no se reduce a la cultura
El último argumento es el más fundamental en su demostración. Thaïs d’Escufon rechaza una definición estrictamente cultural de la identidad francesa. Reconoce que Francia remite a una gastronomía, una historia, una música, un modo de vida y unas referencias colectivas, pero considera que la identidad nacional también comprendería una dimensión concreta ligada a un pueblo europeo.
Sostiene así que los franceses son históricamente europeos y que esta realidad no debería considerarse chocante. Para ilustrar su planteamiento, menciona a Clodoveo y establece un paralelismo con Japón, cuya población se describe habitualmente como asiática.
En esta concepción, la adopción de prácticas francesas no bastaría, por tanto, para mantener la identidad francesa si la composición demográfica del país se transformara profundamente. Thaïs d’Escufon formula el ejemplo hipotético de una Francia poblada por 70 millones de congoleños que compartieran ciertas prácticas culturales francesas: según ella, ese país dejaría de ser Francia, aunque sus habitantes consumieran productos franceses o asistieran a la iglesia.
Este enfoque se basa en una visión etnocultural de la nación, en la que la continuidad histórica de un pueblo cuenta tanto como las costumbres, la lengua o las instituciones.
De la asimilación a la remigración
Al término de su razonamiento, Thaïs d’Escufon califica la asimilación como un modelo ineficaz y contraproducente. Considera que el siglo XXI enfrentará a Francia a grandes desafíos demográficos y que los fenómenos migratorios destinados a desarrollarse exigirían, según ella, otra respuesta.
Propone la remigración como única solución. La asocia a una lógica de afirmación: en lugar de intentar hacer al otro semejante a uno mismo, llama a los europeos a volver a ser, en sus propios términos, lo que son y a reafirmar su identidad.
Por tanto, su planteamiento no se limita a una crítica de la integración ni a un debate sobre los criterios de la asimilación. Se refiere a la propia definición de la nación francesa, al lugar del origen en la identidad colectiva y a las políticas migratorias que deben adoptarse. Estos asuntos son objeto de profundos debates políticos, con concepciones opuestas de la ciudadanía, la pertenencia nacional y el universalismo republicano.
Preguntas frecuentes
¿Qué distinción se establece entre la asimilación individual y la asimilación colectiva?
Thaïs d’Escufon considera que una persona aislada puede, en ciertos casos, asimilarse a la sociedad francesa. En cambio, estima que la asimilación se vuelve imposible cuando grupos numerosos viven en comunidades estructuradas y duraderas.
¿Por qué la demografía ocupa un lugar central en su argumentación?
Considera que la magnitud de los flujos migratorios y la evolución de los nacimientos transforman un proceso individual de integración en un fenómeno colectivo. Esta dimensión cuantitativa es la que le lleva a considerar inadecuada la asimilación.
¿Qué solución propone en lugar de la asimilación?
Defiende la remigración, así como una afirmación de la identidad europea y francesa. Esta propuesta se inscribe en su concepción de que la identidad nacional va más allá de la mera adhesión a una cultura o a un modo de vida.



