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Moral femenina y sociedad: comprender la tesis del «matriarcado blando»

La noción de «matriarcado blando» designa una tesis según la cual las sociedades occidentales contemporáneas estarían menos estructuradas por valores de autoridad, lealtad y jerarquía que por la compasión, la prevención del daño y la protección de las personas percibidas como vulnerables. Esta interpretación no describe un poder institucional detentado mayoritariamente por mujeres. Propone, más bien, ver en el espacio público el predominio de valores calificados como femeninos.

Esta interpretación se apoya, en particular, en los trabajos del psicólogo social estadounidense Jonathan Haidt. Su modelo de los fundamentos morales permite comprender por qué distintas personas pueden juzgar una misma política, una norma social o una situación de seguridad de maneras profundamente diferentes. Sin embargo, no permite por sí solo decidir qué conjunto de valores debería predominar en una sociedad.

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Los cinco fundamentos morales según Jonathan Haidt

En The Righteous Mind, publicado en 2012, Jonathan Haidt presenta cinco grandes intuiciones morales que intervienen en los juicios cotidianos. No constituyen reglas fijas: cada individuo puede combinarlas y concederles una importancia distinta.

  • El cuidado y el daño: la sensibilidad ante el sufrimiento, el deseo de proteger a los más frágiles y el rechazo de la crueldad.
  • La equidad y la reciprocidad: la idea de que una persona debe recibir un trato justo y de que, a su vez, debe respetar a los demás.
  • La lealtad: el apego a un grupo, un equipo, una familia, una nación o cualquier otra comunidad de pertenencia.
  • La autoridad y la jerarquía: la valoración del orden, de los roles establecidos, de la disciplina y del respeto a las instituciones.
  • La pureza y lo sagrado: la evitación de aquello que se percibe como contaminante, degradante o moralmente profanador.

La reacción espontánea ante el sufrimiento de un niño, un animal o una víctima ilustra a menudo el primer fundamento. La indignación ante una condena considerada injusta remite más bien a la equidad. El apoyo a un equipo deportivo, el respeto de la cadena de mando militar o la importancia atribuida a determinadas prohibiciones religiosas corresponden, por su parte, a otros registros morales.

Compasión, política y diferencias de sensibilidad

La tesis del «matriarcado blando» se basa en una lectura política y sexualizada de estos fundamentos. Sostiene que las sensibilidades de izquierda concederían por lo general más peso al cuidado y a la equidad, mientras que las sensibilidades de derecha repartirían más ampliamente su atención entre los cinco fundamentos. En las posiciones más radicales de derecha, la lealtad, la autoridad y la pureza ocuparían un lugar más importante.

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También se menciona un amplio estudio realizado en 67 países, con cerca de 340.000 participantes, cuyos resultados indicarían que las mujeres conceden, en promedio, una mayor importancia al cuidado, así como a la equidad y a la pureza. La mayor diferencia se referiría a la sensibilidad ante el daño y, por extensión, al lugar de la compasión. Sin embargo, estos resultados medios no permiten identificar a cada mujer o cada hombre con un perfil moral determinado.

Desde esta perspectiva, las políticas de prevención sanitaria, las campañas de sensibilización, los llamamientos a reducir los riesgos o los mecanismos de protección contra la discriminación serían manifestaciones de una moral centrada en la reducción del sufrimiento. Los debates sobre las advertencias de contenido, los pronombres, la inclusión en el trabajo o la regulación de las interacciones sociales pueden interpretarse así como conflictos entre la protección de las sensibilidades y otros valores, como la libertad de expresión, la autonomía o la asunción de riesgos.

¿Qué abarca la expresión «matriarcado blando»?

Utilizada en un sentido polémico, la expresión no remite a un sistema oficial en el que las mujeres gobernarían directamente las instituciones. Su sentido es moral y cultural: designa la idea de una sociedad en la que la compasión se habría convertido en el principio dominante, a veces en detrimento de la firmeza, la responsabilidad individual, la autoridad o la defensa de las fronteras del grupo.

Quienes defienden esta tesis consideran que la violencia, incluso cuando se ejerce en un marco de legítima defensa, se ha convertido en un tabú particular. También sostienen que las instituciones contemporáneas priorizarían con demasiada frecuencia la prevención, el acompañamiento y la reinserción, en lugar de la sanción o la disuasión. Asocian esta evolución con el auge de los departamentos de recursos humanos, las normas de cumplimiento y las reglas de comunicación destinadas a evitar la ofensa o la incomodidad.

Esta interpretación es discutible por varias razones. En primer lugar, la existencia de medidas de protección o prevención no demuestra por sí sola que los demás valores hayan desaparecido. En segundo lugar, valorar la compasión no implica necesariamente rechazar toda sanción, toda autoridad o toda responsabilidad. Por último, calificar los valores como «femeninos» o «masculinos» puede simplificar en exceso las diferencias individuales, sociales y políticas.

El debate sobre la seguridad: ¿compasión o firmeza?

La seguridad es uno de los terrenos privilegiados de esta oposición moral. Los defensores de una línea más firme sostienen que una sociedad protege a las personas vulnerables limitando de forma concreta la acción de los individuos violentos. Según ellos, tratar sistemáticamente a los autores de delitos como víctimas de su entorno puede llevar a descuidar a las víctimas directas y la necesidad de seguridad colectiva.

El caso de El Salvador se presenta como un ejemplo de una política que prioriza el encarcelamiento de los miembros de pandillas frente a los programas sociales y de prevención. Se afirma que, tras la llegada de Nayib Bukele al poder en 2019, la tasa de homicidios habría alcanzado 7,8 por cada 100.000 habitantes, lo que supondría un descenso del 85 % en cuatro años respecto al nivel mencionado para 2018. Esta presentación defiende la idea de que una acción penal decidida puede restaurar la libertad de circulación y la seguridad cotidiana.

Sin embargo, este ejemplo no resuelve el debate de principio. Pone en tensión varios objetivos: proteger a la población, sancionar los actos delictivos, preservar las garantías jurídicas y evitar que la lucha contra la violencia produzca por sí misma abusos. Los fundamentos morales de Haidt ayudan sobre todo a identificar por qué estas prioridades no son jerarquizadas de la misma manera por todas las personas.

Un método para identificar las apelaciones morales

El principal interés de este enfoque consiste en invitar a analizar los resortes emocionales y morales de los mensajes públicos. Una publicidad, un discurso político, una campaña asociativa o una controversia mediática pueden tratar de activar la compasión, el sentimiento de injusticia, la lealtad, el respeto a la autoridad o el temor a una contaminación simbólica.

Preguntarse qué fundamento moral se está invocando permite tomar distancia. Esto no significa que la apelación a la compasión sea necesariamente manipuladora, ni que la autoridad o la lealtad sean intrínsecamente preferibles. Una sociedad pluralista se enfrenta precisamente a la necesidad de arbitrar entre valores legítimos, pero en ocasiones contradictorios.

La controversia en torno al «matriarcado blando» se basa, por tanto, menos en una constatación neutral que en una preferencia moral: ¿debe considerarse la reducción del sufrimiento como la prioridad central, o debe buscarse un equilibrio más marcado con el orden, la responsabilidad, la libertad y la cohesión colectiva? La teoría de los fundamentos morales no aporta una respuesta definitiva; ofrece un vocabulario para comprender los desacuerdos que estructuran esta cuestión.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el «matriarcado blando»?

Se trata de una expresión polémica que designa una sociedad supuestamente dominada, en el plano cultural y moral, por la compasión, la protección frente al daño y la prevención, más que por la autoridad, la lealtad o la jerarquía.

¿Jonathan Haidt afirma que Occidente es un matriarcado?

Los trabajos de Jonathan Haidt tratan sobre los fundamentos morales y sus variaciones según las sensibilidades políticas. La calificación de «matriarcado blando» es una interpretación ideológica que utiliza su modelo, y no uno de los cinco fundamentos morales en sí mismo.

¿Las mujeres y los hombres tienen todos los mismos valores morales?

Se mencionan diferencias medias observadas en un estudio internacional, especialmente en relación con la sensibilidad ante el sufrimiento. Estas medias no determinan los valores de una persona concreta: los perfiles individuales siguen siendo diversos.

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